sábado, 29 de junio de 2013
La última lección
Carlos Agosti era mi profesor de Economía cuando comencé mis estudios en la carrera de Contador Público, hace ya tiempo. Era un hombre de unos cincuenta y tantos años ,entonces ,y más de veinte al frente de su cátedra en la Universidad; toda una vida dedicada a ello .Recuerdo que sus clases me encantaban, que su elocuencia contagiaba, que me era imposible no escucharlo y querer anotar todos sus dichos en una libreta. Era un gran profesor, de esos que hacen de los años de preparatoria profesional un recuerdo, que le dan entidad ,que los hacen proyectarlos en la mente como a algo susceptible de cambiar para mejor ,de evolucionar .Nos enseñó el valor de las cosas materiales ,como contarlas, como agruparlas ,que” las necesidades del ser humano siempre son ilimitadas y los recursos para satisfacerlas escasos “; que el mundo se mueve con dinero y que el hombre es un número. Estuvo con nosotros en el primer y segundo año, luego, de la noche a la mañana, renunció a su cátedra y ya no lo vimos más ni lo consultamos más ni lo llamamos. Supimos que su esposa había fallecido una semana antes de su renuncia ,que la hizo cremar ,puso en una urna sus cenizas y luego las arrojó camino a Casilda, lugar de donde era oriundo .Ahí concluyó esa parte de su paso por mi vida de estudiante .Terminé los estudios , me casé, fui empleada ,me separé , fui dueña de mi propio estudio contable y me forjé en base a muchas horas fuera de mi familia un excelente pasar económico : con él pagué la escuela privada de mis hijos, sus niñeras, la comida de rotisería y hasta los viajes a la costa en vacaciones. Todo eso. Hasta entonces creí estar en lo correcto, vivir como debía ,dejar de ser un número más para pasar a “manejar números” como dijera el profesor. Una tarde cualquiera ,por esas cosas del destino ,volvimos a encontrarnos por casualidad él y yo y mi vida dio al fin el giro que debía. Lo encontré sentado en un banco de la plaza cuando iba a llevar unos papeles a una oficina :yo corría por ganar tiempo y él lo dejaba pasar con la lentitud de alguien que no espera nada :-“Profesor Carlos Agosti ? .-le dije apenas verlo ahí ,él dejó de arrojarle migas de pan a las palomas y haciéndose visera con una mano ,porque el sol le molestaba para verme, me dedicó una larga mirada como intentando encontrar mi rostro en algún lugar de su memoria- Fui su alumna en la cátedra de Economía en la Universidad de La Plata.” –dije sonriendo. Ahí fue que él pareció recordarme y agregó –“ Mi último año ,clase ´94 , ¿verdad ?”.- el recuerdo le dibujó una leve sonrisa. -“Así es , ¡tiene usted una memoria prodigiosa !”. -“ ¿ Y qué ha sido de su vida ,terminó sus estudios? “. -“ Sí, señor .Ya hace mucho de eso pero realmente siempre pensé en que si alguna vez lo volvía a encontrar le iba a agradecer todo lo que me enseñó, gracias a usted ,a sus enseñanzas , he logrado tener un lugar en este mundo y me he ganado el respeto de mis pares “.-dije orgullosa . -“Bien por usted .- agregó bajando la cabeza- Tiene familia, hijos? “.- preguntó. -“Tengo tres niños ,Sofía, Belén y Juan Manuel “. -“ ¿Qué les gusta hacer a ellos ?,¿les dedica tiempo?,¿ almuerzan en familia ?”.- sus preguntas me descolocaron ,yo quería contarle de mis logros personales y él me preguntaba por mis hijos. -“ Estoy con ellos tanto como puedo… intento estar presente ,no todo lo que quisiera pero estoy! “.- dije casi confesando. Él bajó la vista y como para sí dijo:” Hace mucho que me caí de este mundo ,estoy fuera del sistema desde entonces. - y luego preguntó - Si pudiera poner un eslabón por cada cosa material que posee a una cadena, ¿ qué tan larga cree que sería ésta ?”. -“¡Demasiado larga, sin duda!”.- contesté . -“ Que lástima…- agregó mirándome a los ojos- No dejan de ser lo que hace a tu cadena “. Después de ese día ya no pude evitar dejarme caer de este mundo también ,pasé al lado de los “ceros a la izquierda” en la ecuación contable del sistema ,perdí lentamente el sentido de estar haciendo lo correcto al generar solo dinero y fui soltando eslabones en mi cadena. Lo único malo de esta última lección, lo que lamento, fue darme cuenta que llegué a aprenderla demasiado tarde para algunas cosas .He seguido viendo al profesor y a veces hasta nos sentamos largo rato en un banco de la plaza solo a ver pasar gente y charlar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario