sábado, 20 de julio de 2013

María del Pilar

Llovió toda la noche y toda la mañana , miramos desde la cama, en un abrazo ,al agua escurriéndose de los techos en cascadas , las ramas pesadas por las hojas mojadas ,limpias , al paisaje de quietud del parque aquel en solitario y nos reconocimos el todo necesario uno en el otro en ese abrazo. Antes nos amábamos y ahora nos queríamos. Estábamos tan solos y tan acompañados uno por el otro que el mundo se reducía a ese momento ,a esa paz , a ese silencio de escucharnos respirar y al calor de nuestros cuerpos ; el mundo cabía en esa habitación , en ese espacio. Toda la estancia era nuestra: sus vastos campos, el camino empedrado que unía nuestro lugar a la casa señorial ,los galpones y tinglados ; era nuestra porque solos la habitábamos ,la recorríamos y cuidábamos velando –como todo empleado- ,cosa ajena. Pero ese día en especial se nos quedó María del Pilar en el recuerdo :llovió toda la noche y toda la mañana cuando por fin nos conocimos.

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